Filosofía Práctica



Qué es la Filosofía y para qué sirve



Amadeus Estrada Cázares

20 de enero de 2019 | Descargar PDF | A+ | A-


La filosofía consiste en recorrer todo el camino de la vida. Es, además, comprender las cosas por medio de las personas y a las personas por medio de las cosas. Veremos esto con mayor detalle a continuación. Antonio Tovar describió cómo es la imagen que Platón se hace respecto a la condición humana (al menos respecto a su existencia cotidiana), la cual no es muy alentadora, del siguiente modo:

“Ahí está el ser humano. Una envoltura de piel bien o mal tensa, armada con unos rocosos huesos. Lleva cargas, tolera dolores. Vive en la incertidumbre y nunca sabe lo que le aguarda. Cree a veces que en las estrellas está escrito el futuro incierto, cargado de penas. Vive sometido a la dura mano del amo, del fuerte, del rey, del arquero escita” (Tovar, Un libro sobre Platón: 62).

Sea que se esté de acuerdo con esta idea sobre la vida cotidiana o no, es interesante reflexionar al respecto. Es cierto que, si pensamos atentamente, vivimos en una enorme incertidumbre, pero: ¿cómo nos llegamos a dar cuenta de esto?, ¿cómo podemos entender nuestra situación y tratar de responder ante ella?... Para contestar a lo anterior, debemos comprender qué es lo que hacemos durante nuestra vida diaria.

Cuando nos preguntamos: ¿Qué es lo primero que hacemos cada día? La respuesta más sencilla es evidente: despertar, pero: ¿Qué significa despertar?, ¿en qué consiste esta “salida del alma hacia la luz del día?” Siempre quiere decir, al menos, darse cuenta de algo; darse cuenta de que la vida sigue sucediendo, de que hay cosas que siguen ocurriendo. Al dormir nos preparamos para cerrar nuestros sentidos respecto a la influencia de las cosas en nosotros, pues, aunque éstas ocurran, nosotros no percibimos nada.

Conforme a lo anteriormente explicado despertar significa establecer una conexión, una relación con la continuidad de la vida, por decirlo de alguna manera; ¿por qué medio? Por el recuerdo. Sin éste, es decir, sin el efecto y el afecto que quedó implantado en nuestro ser, de realidades que se cruzaron ante nosotros: perros, árboles, plantas, ideas... ¿qué diferencia habría entre haber nacido hoy, ayer o nunca?

Queda pues, siempre, como un extraño secreto, la respuesta a la pregunta: ¿cómo funcionan las cosas y por qué siguen funcionando?; cómo se sale del estar dormido al estar despierto. Al parecer estas cuestiones provienen de la más antigua sabiduría: la muerte se considera, por parte de muchas mitologías o mentalidades, como una realidad cercana al anochecer, al dormir; porque de los cadáveres, solamente podemos saber que no hablamos con ellos, que no responden cuando les preguntamos, que no reaccionan cuando los tocamos… por ello, muchas de las historias más arcaicas que tratan sobre la muerte y la resurrección, relacionan a esta última con el despertar:

“Conjuro I.

“En los Conjuros que aquí comienzan, Se narra la Salida del Alma Hacia la plena Luz del Día. Su resurrección en el Espíritu. Su entrada y sus viajes en las regiones del Más Allá. Son estas las palabras que deben pronunciarse El día de la sepultura, Cuando el alma, separada del Cuerpo, Ingresa al mundo del Más Allá.” (Anónimo, (1981) Salida del alma hacia la luz del día, Libro egipcio de los muertos. Primera versión poética, Traducción de A. Laurent. Barcelona, ADIAX. 15).

“Conjuro 22.

Dad a mi boca los poderes de la Palabra, A fin de que cuando reinen la Noche y las Nieblas, Pueda guiar mi corazón” (Ibídem, 50).

Otro elemento importante que se establece, conforme a lo visto, es la importancia del corazón. No estamos tratando únicamente con el órgano en sí, sino con la fuente de la sangre; el ardor guerrero, la honestidad, la valentía, etc., en general, podríamos decir, con los impulsos; de tal modo que, incluso si rudimentariamente para nuestro gusto, se empieza a reunir una suerte de riqueza, de tesoro, en cuanto a las reflexiones respecto a la relación de los humanos con su entorno y realidad.

Partiendo de la recolección de esa riqueza de experiencias y reflexiones humanas, surge la sabiduría, que significa una capacidad para saborear; después de todo, una parte importante de comer es ser capaz de reconocer la diferencia entre: lo dulce y lo salado, lo putrefacto y lo fresco, etcétera; es la sabiduría, precisamente, esta capacidad de selección y distinción. Si nos preguntamos: ¿cuándo decidimos que alguien es sabio? Creo que podemos estar de acuerdo en que esto se da cuando alguien es capaz de realizar una acción extraña o difícil: recordar la sucesión exacta de ciertos eventos, entender cómo funciona una máquina y hacerla cumplir una acción difícil (como programar una computadora), la capacidad de cultivar vegetales, etc.

Esto que hemos descrito, varía, claro está, de cultura en cultura y de grupos sociales a grupos sociales: lo que es asombroso para un niño, puede ser sencillo y cotidiano para un adulto, lo sorprendente en un país, es usual en otro… Sin embargo, en general, la sophía, el saber, uno de los ingredientes de la philo-sophía es, en todos los casos, una capacidad; la habilidad para distinguir las cosas unas de las otras, entender cómo se relacionan entre sí. La cuestión del saber es, pues, saber actuar, ser capaz de entender cómo saborear las cosas, darle una probada a la realidad. Pero al probar algo, para comerlo, esto nos da una sensación de gusto; esto está motivado por el hambre, por una sensación de vacío en el estómago. Sin embargo, también se puede comer por gusto; esto ayuda a distinguir los tipos de comida entre sí, sin hacer referencia al hambre, sino únicamente en referencia al descubrimiento o la aparición de algo… de un sabor.

El estar atento a la aparición de las cosas es, precisamente, una forma de amor, que se puede dar en todas las etapas de la vida, desde el despertar hasta el dormir; lo que hace la filosofía es vigilar este proceso y tratar de entender cómo continúa funcionado y, de esta manera, nos permite reparar los enlaces rotos de nuestra existencia. Esto no significa que cure a las personas, o que las haga buenas, pero nos otorga una claridad desconocida ante realidades dolorosas y nos permite, de este modo, reflexionar sobre cómo llevamos nuestra existencia; porque todos los días vamos reproduciendo males de los que no nos damos cuenta… cada día, si tomamos en cuenta que tenemos que recordar el odio y el dolor, podemos captar que esta clase de cosas, no simplemente están, no simplemente las recordamos, sino que las generamos cada día con nuestras decisiones… la filosofía nos informa de esto. Nada más, nada menos.






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