Filosofía Práctica



El violentador de sí mismo



Amadeus Estrada Cázares

18 de febrero de 2018 | Descargar PDF


Advertencia: creo posible que esta historia sea “fuerte”; tal vez no, es algo que depende de cada sensibilidad particular; en todo caso resultó, al menos en mi opinión, más bella y menos estúpida de lo que creía que iba a ser. En todo caso, si resulta demasiado para el gusto de alguno, que no se diga que no hubo advertencia previa. Yo creo que después de todo vale la pena, porque me parece que la historia toca temas sensibles e importantes, pero que cada cual –que así lo quiera- juzgue por sí mismo.

Estaba Armando platicando con un amigo, o, mejor dicho, se disponía a ello; sin embargo, antes de emitir algún sonido articulado, se cerraban sus dientes, como un cerco, impidiendo la comunicación, impidiendo el contacto entre los dos cerebros. Su amigo Bonifacio, mientras fumaba su pipa –curiosa costumbre que adquirió después de ver algunas películas-, le dijo: -qué pasa?, ¿acaso no hemos conformado una absoluta confianza derivada de nuestra amistad? Anda, di lo que te preocupa-. –Sea así Bonifacio- responde Armando-; pero antes de hablar, permíteme aclarar algunos puntos esenciales para la correcta inteligencia de mi relato-. Después de lo anterior, Bonifacio trata de no perder detalle; por lo cual se inclina a su lado izquierdo, como hace cada vez que quiere mantenerse al tanto de cualquier cosa.

-Verás, yo sé que trabajas para el gobierno estadounidense, para el ruso y para el japonés en el diseño de máquinas de tortura; y tengo entendido que no te ha sonreído poco la fortuna en estos menesteres- dijo Armando. – Bonifacio se acomoda y responde: -Claro, claro… yo diseñé un dispositivo que arroja sutilísimos hilos, los cuales pueden ser electrificados; basado el dispositivo, en el funcionamiento de una defensa utilizada por algunas tarántulas, estos hilillos electrificados causan dolores extremos, pero son hipoalergénicos, puesto que la tortura se trata de no matar, luego, causar una reacción alérgica sería en extremo inconveniente; este dolor es causado, porque, al penetrar en el cuerpo del paciente, los hilos liberan su carga eléctrica en puntos específicamente sensibles; con precisión controlada por computadora. Lo que ocurre, en suma, es que la tortura es un bien universal; por ello no lo considero privilegio de ninguna nación en particular. Es una de las características distintivas del hombre. Pues cuando un hombre puede convertir a otro en objeto deviene en Dios… pero divago, cosa comprensible, por lo demás, pues no se puede hablar sino con pasión cuando se trata de lo que uno ama… en fin, ¿qué necesitas?

-Necesito que diseñes algún aparato para que me pueda violar a mí mismo- Bonifacio inhala fuertemente de su pipa y responde: - ¿por qué lo necesitas? - Armando clarifica: -para que comprendas mi desgracia necesito recurrir a una larga explicación-. –Siempre hay tiempo para los amigos, no te preocupes.

-Gracias por tu paciencia Bonifacio; lo que ocurre es lo siguiente: supongo que te enteraste de que mi familia murió en un fatídico incendio desde antes de que yo te lo mencionara–su amigo asiente con la cabeza- habrás imaginado que hubo algo de sospechoso en el incidente, aunque –o quizá porque- nunca quise darte detalles… pero siempre respetaste mis decisiones y eso es algo digno de admiración… como sea, yo maté a mi familia… -Bonifacio no responde nada, solo adopta un aire sombrío.

-Verás, amigo mío, mi esposa únicamente dejaba a la vista en los estantes libros técnicos, extremadamente técnicos; nunca ensayos, nunca novelas; insistía en atender ella a los invitados desde que saqué a palos –literalmente- a algunos testigos de Jehová, con los que tuvo que disculparse encarecidamente… ella argumentaba exabruptos de mi parte, pero yo siempre le recriminé que quería dominarme y que si alguna vez salía de quicio era por la irracionalidad de la gente, no por la mía. Mi esposa tornó a mi hija en mi contra, puesto que yo no la dejaba jugar juegos vacíos de sentido; la muy necia nunca comprendió que en los juegos nuevos está el demonio de la invención; si Platón, muy irracional por lo demás, prohibía los juegos, ¿por qué no podría hacerlo yo? A mí me parece esto muy buena legislación. Pero incluso un hombre bien educado como yo pierde la paciencia en algún punto; y ante los reclamos de mi esposa decliné y la dejé obrar… debo admitir que, por alguna razón, desde que yo me dediqué casi únicamente a trabajar me sentí mucho más libre y ya no sentía ataques de cólera, hasta que ocurrió un incidente fatal… en la estantería mi hija, según creo, dejó dos libros ominosos que estuvieron cerca de causarme la muerte: Recuerdos del porvenir y Al filo del agua; pero ¡El porvenir no tiene recuerdos! Y ¡El agua no tiene filo! Así, pues, en la desesperación me vi forzado a quemar los libros con queroseno y el incendio se salió de control quemando toda la casa-… -Deja que interrumpa tu historia –dice Bonifacio, haciendo, a la vez, un signo con su mano, para que pare-. Técnicamente el agua puede cortar cuando se le aplica mucha presión, de modo que tu reacción fue quizás exagerada en ese sentido (incluso desde tu punto de vista).

-Si Bonifacio, de eso me di cuenta con el tiempo, pero en el calor del momento no me dio tiempo para pensar… Después de lo anterior que te conté, me percaté de mi error… no supe bien lo que estaba haciendo, me salí de la casa, habiendo olvidado que mi familia estaba adentro-… -Olvidado- Sí, por qué –nada, sigue- -Bueno, se durmieron por el humo y yo… para cuando llegué ya era muy tarde… -Bonifacio hizo un gesto de incredulidad, pero nada dijo-… luego, pagué una buena suma para que se dijera que el incendio fue accidental; y así pude librarme de las consecuencias de mis acciones.

-Bien, en ese sentido fuiste lo bastante prudente… no sé si sentirme decepcionado, pero no encuentro cómo explicar que el porvenir tenga recuerdo, así que no sé si fue una acción injustificada. A mí sinceramente no me parece que valga tanto, las gentes no merecen el esfuerzo de matarlas a menos que eso te cause placer; ni los libros quemarse, más que por placer. Sin embargo, errar es humano y sé que tu temperamento ha sido siempre una de tus mayores debilidades.

-Gracias por tu compresión, pero creo ya haberte explicado suficiente- -Si, dado lo anterior te entiendo perfectamente, aunque a mí en lo particular me parece que ejecutar dolor en otros es libertador de tensiones, mientras que tú prefieres ejercer el sufrimiento sobre ti mismo, por eso me pareces un ejemplar fascinante… pero cada uno tiene su manera de ser; sin embargo, ¿qué ganaré yo si te hago el favor que me pides? - - ¿Recuerdas cuando viste a una de mis primas y me dijiste con disimulo: a esta yo me la violo? - - Sí, lo recuerdo a la perfección - - pues bien, yo te ayudaré en tu designio, si tú me ayudas con el mío- - ¿me juras que de verdad estás dispuesto por las oscuras profundidades del universo a entregarme a la más hermosa de tus primas? - -Sí, lo juro- –Pero eso no es suficiente; en efecto, para que no puedas delatarme tendrás que violarla tú también; y ayudarme a disponer del cuerpo, así como a crear una coartada fidedigna, culpando a alguno de los criados del hogar de tu prima del incidente-. –Sea-. –Perfecto, ¿ves lo que la inteligencia es capaz de lograr? Todos los productos del género humano, del genio humano, puestos al servicio de una causa sin preocuparse por la virtud o la moral… eso es verdadera vida, porque ¿qué significan al final de cuentas las palabras por las que algunos mueren?... pero divago, manos a la obra.

Luego de que hubiesen cometido la violación, aprovechando que estos parientes de Armando habían creído en su inocencia, regresaron al laboratorio de Bonifacio; el cual estaba radiante y feliz de la vida, mientras que Armando ya se sentía desesperado. -Escucha Armando, lamento que hayamos hecho lo que tuvimos que hacer, mas recuerda que todos los grandes logros de la humanidad empiezan por un crimen, no fue pues, lo que hicimos, solamente para satisfacerme… fue un rito de iniciación… -No lo dudo, lo sé porque todo el día me estás taladrando con tus teorías la cabeza-. –Tienes razón, pero no te preocupes Armando, ya te hice esperar lo suficiente; tengo lo que tu tanto esperas; he estado trabajando en un dispositivo capaz de suplantar algunas vertebras de la médula espinal, permitiendo así que el cuerpo realice ciertos movimientos que no está diseñado para hacer; combinado esto con drogas que amplían el umbral del dolor; un suplemento amplísimo de líquidos vitales, y un área completamente estelarizada; ahora bien las drogas deberán retirarse una vez que el procedimiento quirúrgico sea terminado para que de este modo puedas sentir nuevamente; te advierto que será la experiencia máxima del sufrimiento y del placer [si así puede decirse]; serás violado y violador al mismo tiempo, nunca se había visto algo así, salvo quizá en ciertos mitos… tú de verdad eres genial… o quizá un tirano contra ti mismo… o quizá las dos cosas; verás es difícil definir lo que sea una violación ejercida contra uno mismo; pues uno puede ejecutarse a sí mismo, porque eso implica un acto de anular una sola vida; pero el efecto de posesión-poseído relaciona, definitivamente, dos vidas en un curioso vínculo común; ¿cómo replicar esto en un solo ser? He aquí lo que se me ocurrió: esta máquina que vez –le dice mientras se la enseña- había sido diseñada para realizar movimientos imposibles, generadores de dolores inconcebibles; pero utilizando una correcta combinación de drogas te permitirá decidir un acto contra tu voluntad, me refiero a que tú decidirás realizar un acto para que éste no te guste al momento de sentirlo, para que no lo quieras. Presionarás un botón y, cuando lo hagas, tú empezarás a doblarte contra ti mismo y a disparar líquidos seminales, pero en ese momento ya no querrás y no podrás detenerte… no sé si cuente estrictamente como una violación; pero es lo más cercano que puede haber, en todo caso… algo artificial difícilmente puede replicar exactamente un evento natural con exactitud… te pregunto finalmente si estás dispuesto, todavía podemos abandonar esto; cierto que te has enterado de mucho, pero tomando en cuenta lo que tú mismo has hecho… no te sería exactamente conveniente delatar a nadie… así que podemos dejar las cosas así… tu desapareces y utilizamos algún otro sujeto de prueba. No te mentiré, estoy ansioso de realizar el experimento, pero a la vez temo que no estemos listos para el mismo… quizá sea mejor utilizar el aparato para lo que siempre fue planeado.

-No; yo desapareceré, pero en la nada…-. -Todavía no estás muerto… mientras haya vida hay esperanza-. –A veces la esperanza es peor-… y no dijo nada más.

Bonifacio estaba preparando a Armando para su procedimiento; revisaba los controles; se preocupaba de que todo estuviera listo, daba instrucciones concisas a sus asistentes y les explicaba lo innovador del experimento y su responsabilidad ante el futuro, mientras Armando se colocaba en posición, ayudado por otros asistentes.

-Preparen las nanofibras de carbono que aumentarán el número de vertebras… tengan listas las drogas, vayan alistando la sierra médica prototipo que cortará su espalda; y la solución líquida que es piel clonada sobre una superficie plástica, la cual nos permitirá agregar más piel a su cuerpo; y así, nos dejará hacerlo más flexible. Tengan mucho cuidado de que la misma solución sirva como protección para sus órganos internos…- -Doctor –dijo uno de sus asistentes- eso ya lo teníamos bastante claro- -Uno no siempre describe para informar, sino también para tranquilizarse, repetir es una dulce experiencia, como escuchar al mar… sea como fuere, pónganse listos.

Empezó el procedimiento… las máquinas empezaron a trabajar; el estiramiento artificial comenzó; lento pero seguro, el robot sierra empezó a cortar la piel del paciente, mientras las drogas hacían efecto, evitado la destrucción del hombre por el dolor; inyectaba a la vez preciosos líquidos que se solidificaban en una nueva piel; y que protegían su interior, vinculando la piel cortada entre sí; para distinguir la piel artificial de la normal, se hizo que tuviera un color ligeramente más pálido… mientras sucedía lo anterior, el robot sierra hacía penetrar una máquina más pequeña en el hombre para romper sus vertebras, mientras cuidadosamente las reemplazaba con un material artificial, para que así las conexiones vitales no se rompieran…

Es difícil no preguntarse qué sentía Bonifacio en ese momento; yo no lo sé, recuerdo haberlo observado, con su fría e inescrutable mirada; no se veía feliz ni triste, era como un águila al acecho [en cierto modo], o no sé qué; no lo disfrutaba, eso es claro, si bien dije que no se veía “triste” si estaba… sombrío; y meditabundo, colocaba sus manos en su barbilla o se cubría la boca, como algunos hacen para recordarse que están pensando y no hablando… Pero lo que en ese momento sentía es imposible de comprender… ver a su amigo ahí, tirado, siendo tratado como algo… como una cosa… o como un objeto… como un objeto que eligió ser un objeto…

Después de varios días por fin pudieron aplicar las drogas especiales a Bonifacio; las cuales le darían la posibilidad de decidir algo en contra de su voluntad; -ya llegamos muy lejos, Armando, creo que ya no hay vuelta atrás tomando en consideración el dinero que hemos invertido… aunque, si gustas, podemos ejercer contigo el procedimiento de sufrimiento simple, en vez de lo que tú estás planteando; no tenemos que ser muy duros contigo, es solo la prueba piloto, después de todo-. –No, nada…- fue lo único que respondió-. –Entonces haremos el procedimiento… te seré franco, lo he pensado más… y no quiero hacerlo… no tiene sentido, no tiene utilidad, esto es algo únicamente para ti, ¿de verdad quieres que todos los hombres puedan hacerse sufrir a sí mismos de esta manera? No sabemos a qué cosas le abrirás las puertas… una vez que las puertas del infierno se desatan no se pueden cerrar; quienes entran pierden toda esperanza-… Nada… respondió Armando. Después de lo anterior Bonifacio, luego de adoptar su actitud típica, desinteresada, casi apática, dijo: -Procedamos entonces.

Se inyectó el coctel de drogas meticulosamente cuantificado en Armando cuando éste presionó un botón, el sujeto de prueba empezó a convulsionarse y a actuar de modo extraño… no se debía intervenir, eso era de esperarse; después de lo anterior empezó el ominoso proceso; hubo vómitos, gritos, espanto, se decidió dejarlo en la oscuridad, pero Bonifacio no quiso aceptar la decisión; y en uno de los escasos momentos en los que perdió el control; encendió la luz del cuarto, fue corriendo a preguntarle a una “espamástica” carne doblada sobre sí misma: -¿Qué sientes?-. Se apagó la luz y se oyó un grito en la oscuridad [¿o un susurro?]: -Todo, nada-. Bonifacio gritó que encendieran la maldita luz; una vez que hubieron encendido la luz, todo había terminado; lo que había sido Armando se había dividido; no quedaron palabras que decir… hubo gritos, lágrimas, suicidios, en un tiempo que no existió en ningún momento y en demasiados; fueron borradas las semanas, los meses y los días… el único que mantuvo su tiempo y su lugar fue Bonifacio. Éste dijo: - ¡ay Armando!, siempre me criticaste mi “romanticismo”, nunca entendiste que solo el orden de lo simbólico puede salvarnos, mírate ahora… ¡todo, nada!… ojalá hubieses dicho otra cosa antes de morir…

Bonifacio mandó llamar a otro de sus asistentes, para decirle: -dispongan del cuerpo, pero no dejen que nadie lo vea, seleccioné a los más fuerte y ni ellos pudieron aguantar; simplemente quémenlo; va al fuego… destruyan todo rastro del experimento… encontramos violentos cuerpos patógenos producto del mismo que tuvieron que ser aniquilados… es una lástima, pero fue un completo fracaso-… - ¿disponer de él doctor?; ¿puede hablar así de su amigo? - -Yo era amigo de Armando, no de un cadáver; que los muertos entierren a sus muertos-… Y así, Bonifacio se retiró a pensar, dicen las malas lenguas que lloró; aunque trató de ocultarlo, que a veces gritaba: ¡oh humanidad! O algo así; se dice que murió tiempo después, o que se retiró a algún lugar alejado… sea como sea, nunca se supo nada más de este hombre… pero se comenta, que en las selvas sudamericanas hay un grito: ¡todo, nada! Y que un anciano vagabundo va por ahí riendo y gritando… y que dice: ¡mi impunidad!... ¡mis cadáveres!... ¡Infierno!, ¡todo!, ¡nada! Otros dicen que estas narraciones son leyendas derivadas de ciertas referencias que el propio Bonifacio hizo en vida.






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