Filosofía Práctica



Ipseidad y Alteridad



Eloi Ramírez Niebla

25 de febrero de 2018 | Descargar PDF


Para existir, como especie general, es decir, como humanidad, el hombre edifica mundos, ciudades, casas; crea atmósferas contenedoras de todo su quehacer cotidiano, escenarios de su historia, erige lo mismo realidades invisibles valederas universalmente, que espacios sólidos, palpables, válidos para el aquí y el ahora; estos espacios, estos mundos, hacen la función de recipientes ontológicos, recipientes tanto ideales como materiales con el fin de concentrar el ser, conteniendo todo el drama humano, la comedia humana, la vida y la muerte. El hombre existe, de esta manera, siempre enmarcado en un entorno que le es característico y dentro del cual se desenvuelve con ciega naturalidad, sin saber, sin sospechar siquiera cómo se originó toda la riqueza ontológica al ritmo de la cual fluye con una complacida espontaneidad. El mundo está hecho, acabado, en él, el hombre vive como eterno, incluso algunas veces inmune al tiempo y a la muerte, ignorando tanto el origen como el fin de las realidades que le dan ese sostén perfecto e intocable desde el reposo cotidiano, desde el estar en el mundo ajeno a toda problematización. Se trata de una especie de confort, de quietud, de comodidad, de una simple actitud de acuerdo pacífico, de conformidad con las estructuras de lo real, satisfacción con el orden del ser, impasibilidad ante el tejido secreto del cosmos. Esta actitud es verificable en las existencias más sencillas y elementales, así como también en las existencias más complicadas y elaboradas, pero además se extiende a nociones extra-humanas y más amplias como los sistemas socio-políticos, e incluso se verifica en algunos discursos o teorías filosóficas que se precian de lo contrario, es decir, se precian de poseer un carácter siempre abierto y curioso, siempre escrutador y analítico, nunca colmado ni satisfecho, sino en perpetuo estado de búsqueda y reflexión, en constante vigilia intelectual. De hecho, la filosofía, vista desde esta perspectiva de satisfacción-insatisfacción, pretende siempre, desde cualquier época, desde cualquier tendencia, propiciar una toma de conciencia lúcida y despierta, para elevarse a una consideración de las cosas que trascienda el aprisionamiento en la percepción diaria de lo que es el caso, busca pues elevarse de lo pre-filosófico a lo propiamente filosófico, de la opinión a la ciencia, de la mentira o la apariencia, a lo verdadero, en suma, la filosofía, a lo largo de su historia, exhibe el afán de generar estados de alerta en la conciencia de los hombres para que el mundo les aparezca de una manera distinta a como se le piensa desde los hábitos intelectuales dominantes, para lograr así, romper con toda clase de situaciones que les puedan atosigar. No obstante, no todas las teorías filosóficas consiguen este objetivo de fondo aquí establecido, el cimbrar la realidad para metamorfosearla en otra realidad más habitable y/o menos agobiante.

El objetivo de la presente reflexión es el llevar a cabo un sucinto estudio de las formas en que la conciencia humana se mueve entre y a través de dos extremos, expresados en pares de conceptos y bajo múltiples formas antitéticas tales como satisfacción-insatisfacción, quietud-movimiento, identidad-diferencia, englobados todos bajo la pareja ipsiedad-alteridad, o bien mismidad-otredad, según el sinónimo que se desee emplear; este par de términos son empleados con el fin de orientar la reflexión, hacen las veces de directrices que tienen como fin el referir la manera en cómo se generan, en lo más abstracto del pensamiento, conceptos diferenciadores, dualismos, unidades, conciliaciones, para volver a producir separaciones, contradicciones y nuevas uniones o síntesis. El propósito de este método de reflexión es el llevar a cabo la detección de momentos muy específicos en que el pensamiento se estaciona, creyendo haberse consumado, en regiones parciales del ser, desencadenando una parálisis que redunda en crisis de muy diversa índole, crisis expresables de manera epistemológica, socio-histórica, individual, pero todas gobernadas bajo el mismo principio de mismidad que interrumpe el flujo del pensar impidiéndole transitar hacia etapas nuevas, diferentes, en las cuales precisamente reside la posibilidad de reconfigurar la realidad, la esperanza de mejorarla para el bien de los seres humanos en su totalidad y justa proporción.

Huelga decir que el método de la presente meditación es la dialéctica de Hegel, en particular el empleado en la Lógica, por ser uno de los métodos más poderosos jamás concebidos para pensar el discurrir interminable, eterno, del pensamiento. La dialéctica toma en cuenta el movimiento, el tránsito, el devenir, por ello no es casual que esta haya sido adoptada por filósofos marcadamente inconformes, que buscaban la transformación en todos los niveles, el cambio y la renovación. Como se intentará demostrar, el pensamiento de Hegel y de las diversas escuelas que hizo emerger, encierra un potencial de libertad que conviene estar repensando continuamente, en especial a cualquiera que se interese por técnicas de reflexión que ayuden a inyectar fuerzas renovadoras al pensamiento y a la vida, al final se demostrará el porqué la dialéctica contribuye a mejorar la potencia creadora en el hombre, haciendo brotar en éste un lado espiritual, o lo que es lo mismo, un lado humano.

Lo absoluto, explicación dialéctica.

La dialéctica es un método filosófico verdaderamente ambicioso, pues pretende, como ningún otro método, pensar la totalidad de lo real, cuando se dice la totalidad, debe sobreentenderse que no existe siquiera porción alguna de lo real que pueda escapar al pensamiento, o más bien dicho, no existe nada que no sea expresión del logos, el pensamiento, lo absoluto. Hablando con propiedad, es incorrecto decir, “escapar al pensamiento”, porque este tipo de expresiones supone que existe una división entre el pensar y lo pensado, es como si el pensamiento tuviera que sumir objetos externos, ajenos, que se le escaparan, cuando en realidad todo cuanto es, es pensamiento, a la vez que todo pensamiento es, el pensamiento es el ser, el ser es pensamiento. De ahí la conocida sentencia “todo lo real, es racional, todo lo racional, es real”. Lo real es pues racional, es logos, pensamiento, sentido, lenguaje palabra, concepto, y a la vez, y a la inversa, y recíprocamente, el concepto, la palabra, el sentido, el pensamiento, son reales, poseen realidad efectiva, existen, se manifiestan en el mundo de los fenómenos, se tornan reales y se les puede observar, vivir, tocar, dan forma a todo lo que existe y sin ellos no existiría nada. La Fenomenología del espíritu, es la obra en la que Hegel describe minuciosamente el paso del espíritu por sobre el mundo, el largo itinerario del espíritu por el mundo fenomenológico, por la historia, para retornar a sí mismo recobrado. Sólo después de haberse desplegado por la historia de la conciencia humana, de manera fenomenológica, verificable, en los períodos o momentos que Hegel describe como etapas necesarias, sólo después, el espíritu se encuentra consigo mismo en el espíritu absoluto y vuelve al principio, en un movimiento perpetuo. Sin embargo, hay que señalar que lo que Hegel pretendía no era plantear un monismo, mucho menos un dualismo, ya que ambas posturas son limitadas en tanto que reducen el pensamiento, la una, el monismo, lo limita al no dejar cabida para la aparición de las partes particulares que componen el todo, la otra, el dualismo, lo limita al no permitir el encuentro, la unidad de las partes, ya que divide el ser, creando dos mundos incomunicados. Lo que en cambio sí pretendía Hegel era pensar la síntesis de todas las partes, la conciliación, la unión de la diversidad, unir lo diverso sin suprimir lo diverso, diversificar lo único, es decir el todo, sin extraviar a las partes, mostrar la multiplicidad, las particularidades del todo, pero sin extraviar a lo particular en una serie de fragmentos inconexos, infranqueables, como mónadas incomunicadas, sino mostrar que lo particular es también lo universal, más aún, lo absoluto, y lo absoluto, a su vez, no es algo ajeno a la realidad, situado en un más allá supra-celeste, el absoluto es también lo particular, lo finito. Por estas razones, la filosofía de Hegel no es, contrario a lo que pudiera creerse, ni un monismo, ni tampoco un dualismo, en todo caso, si cabe emplear un ismo para referirse a ella, este sería el panlogismo, todo es logos, pero tampoco eso, puesto que hablar de ismos es referirse a un exceso, como a un defecto, y la filosofía de lo absoluto no se trata de una expresión arbitraria, artificiosa, sino que pretende ser la expresión necesaria, absoluta, del ser. Pero es necesario aclarar un malentendido aparente que se presenta a la hora de exponer los teoremas hegelianos de unificación y diversificación de partes contradictorias entre sí, y es el que tiene que ver, precisamente, con la aparente contradicción en la que constantemente incurre en sus exposiciones, pues pareciera un discurso que se contradice, valiéndose de la paradoja, el absurdo y los contrasentidos; esto sería valedero siempre y cuando se tome a la filosofía hegeliana desde el punto de vista de una lógica tradicional que piensa de acuerdo a los tres principios lógicos de identidad, contradicción, tercero excluido. Pero si algo transgrede Hegel, es precisamente esta lógica tradicional, y lo hace debido a que introduce en su pensar el movimiento, el devenir propio de lo real viviente, el contenido, lo cual nunca se presenta obedeciendo a estos tres principios formales, sino que aparece negándose a sí mismo en su identidad, es decir, contradiciéndose, volviéndose a unir por fuerza de la mediación, por la mediación de un tercero, para retornar a sí mismo, a la inmediatez no contradictoria e idéntica a sí misma, pero esto sólo después de haberse negado a sí misma en su contrario, y así en un movimiento sempiterno. En la lógica hegeliana el pensamiento es forzado, la lógica tradicional es torcida para lograr una intelección plena del ser, es una lógica ontológica, una onto-lógica. Hegel a menudo emplea el término especulativo para referirse a este dinamismo, a esta manera de pensar los conceptos como formas vivientes, poseedoras de un movimiento fiel al movimiento de la vida misma de las cosas, así hay una lógica tradicional frente a una lógica especulativa o dialéctica. La Lógica, es una de las obras máximas que jamás se hallan escrito en la historia universal, dicha grandeza se debe a la labor verdaderamente titánica de su autor al llevar hasta su máxima expresión la fe racional, el querer explicarlo todo a la luz de la razón, el concepto, la palabra. Es por ello que esta filosofía, se granjeó para la posteridad la apreciación ambivalente de ser tanto un pensar intransigente y cerrado sobre sí mismo, a la vez que un pensar humano. La primera consideración, la de intransigencia, debido a que en su desarrollo, el sistema abarca y subsume hasta el último resquicio de lo real, esto es visto como un sometimiento forzado de lo real viviente por parte de un sistema abstracto, por la pura idea, ya se demostrará cómo esta primera apreciación es errónea en la medida en que no termina de comprender el significado profundo de la compenetración de la idea y la realidad como partes de un único y mismo movimiento del pensar que se piensa a sí mismo y en este reflejo de sí mismo origina el ser y lo real. La segunda apreciación, la que considera el sistema como verdaderamente humano, se debe a que después de todo se mantiene la esperanza de la comprensión por medio del concepto, el cual a la vez es palabra, diálogo, pero no en el sentido de una abstracción o ejercicio escolástico muerto, sino como un diálogo auténtico sobre el ser, esta fe se opone al silencio ontológico, al mutismo que callando se doblega ante lo que es el caso, se opone a la sinrazón que origina la estulticia, para darle privilegio a la razón y la búsqueda del sentido, por sobre los instintos y la persuasión por medio de la fuerza.

Llegando a este punto de la presente exposición, se hace posible el conectar por un lado, la dialéctica hegeliana como pensamiento sobre el movimiento del ser, con el objetivo antes anunciado de acrecentar la libertad, la creatividad en el hombre, para propiciar mediante estas cualidades una mejora de la condición humana en general. Como se irá demostrando en líneas subsiguientes, la dialéctica resulta un instrumento adecuado para hacer ver el carácter inacabado y provisional de lo real, pues piensa el devenir eterno del ser, piensa la génesis del ser, logra pensar en ese momento en que se origina lo nuevo, lo otro, la alteridad, describe el arcano de la creación, es precisamente este momento de la dialéctica el que se busca resaltar aquí, el momento en que emerge el ser renovado, el momento en que se rompe con lo real estatuido, lo real paralizado, para permitir la entrada de la otredad, de nuevas figuras de la conciencia, nuevas maneras de ser. Para demostrar estos planteamientos hay que acudir a La Ciencia de la Lógica, donde se habla de las estructuras más abstractas y universales del ser, pero a fin de cuentas, estructuras del ser remitidas a una realidad y no meros moldes formales.

Hay dos conceptos que aparecen en La ciencia de la lógica que serán esenciales para estructurar la demostración del carácter infinito de la realidad, estos son los conceptos de mediación y de negatividad, pero deben conjugarse con el desarrollo de un tema clásico dentro del pensamiento de Hegel, el tema de las tres posiciones del pensamiento con respecto a su objeto: el empirismo, la filosofía crítica y el saber especulativo.

Lo inmediato se refiere a una forma simple del ser, una forma pura, desprovista de toda determinación, no mediada ni atravesada por concepto alguno, existe como ser en-sí. Es lo que algunos comentaristas refieren con el nombre de tesis, que es el comienzo del movimiento, posee un carácter afirmativo, positivo, no contradictorio; esta tesis será continuada por su negación en una antítesis, esta representa a la contradicción, justamente aquella misma que se negaba en el segundo principio lógico, el de no-contradicción; por efecto de la negación, la cosa, lo inmediato, sale de sí misma al encuentro con la otredad de su antítesis que lo niega, en este encuentro se produce una toma de identidad por parte de cada una de las mitades opuestas, sin embargo, es menester de un tercer paso, una especie de reconciliación entre las dos partes, este tercer paso lo constituye la síntesis, que es la unión de la tesis y la antítesis, es también una segunda negación, una negación de la negación, la cual desemboca en una nueva tesis, es decir en una afirmación resultante, la cual contiene los momentos anteriores, esta colmada de su anterior tríada de tesis-antítesis-síntesis, además, esta nueva tesis es para-sí, el pensamiento vuelve aquí hacia su comienzo, hacia sí mismo, recobra la positividad y la inmediatez, pero además, se recobra con un sentido renovado, se genera una significación que antes del proceso no existía, o sólo existía como presuposición, potencialidad, pero era menester echar a andar el movimiento especulativo para liberar el significado latente en la inmediatez simple y pura. Es conocida la explicación que aparece en La Ciencia de la Lógica, de este proceso de creación de sentido, en la dialéctica del ser y la nada; al inicio se encuentra, el ser, el puro ser, el ser puro, inmediato, simple e indeterminado, es universal y abstracto, absolutamente vacío e indefinido, es de necesidad que así se presente, como pura inmediatez, vaciedad desprovista de toda determinación o contenido, porque de lo contrario, de ser mediado, determinado y con contornos identificables, simplemente dejaría de constituir el comienzo y se hablaría ya no del principio cuanto de una forma ya mediada, devenida, y de lo que se trata en esta parte de la lógica es de descender hasta los elementos más puros del pensamiento, porque “la lógica es la ciencia de la idea pura, esto es, la idea en el elemento abstracto del pensamiento”, de esta manera, la lógica arranca con una reflexión acerca del ser puro, pero este ser puro deriva en su contrario, en la nada, se identifica con esta, coincidiendo ambos en su indeterminación y falta de contenido, en este punto el ser y la nada son equiparables, una abstracción tan vacía como la otra; pero ambos, ser y nada, buscan salir de sí mismos y alcanzar la determinación, concretizarse, para ello es menester de una tercera figura que los contenga a ambos, sin suprimirlos, sin inclinarse demasiado en una u otra parte de la oposición dialéctica, esta figura es la del devenir, que es a la vez unidad del ser y de la nada, en la que ambos se reconocen a sí mismos en su contrario sin anularse; esta figura es al mismo tiempo la primera del movimiento del pensar, así como el modelo estructural de todas las síntesis o figuras de conciencia ulteriores; en todas las síntesis, se podrá verificar esta tríada inicial, por un lado una afirmación positiva, de otro lado la negatividad, presencia de la nada que atraviesa las cosas, como la muerte en la vida, y ambas cosas, tesis antítesis, positividad y negatividad, unidas en el devenir, en el tránsito de una tendencia a otra, así cada concepto, cada cosa del mundo, es ser, enfrentándose a la nada, retornando a sí mismo a través del movimiento, cada cosa, cada concepto se encuentra pues, transido de un dinamismo que es el dinamismo de lo absoluto.

El dinamismo que aquí se viene describiendo es precisamente aquello que más a menudo se ignora desde la quietud de la conciencia cotidiana que cree conocer el ser de las cosas, cree contemplar cara a cara el ser auténtico, pero lo único que ve son sombras que no sólo no se reconocen como tales, sino que, muy al contrario, se erigen como lo más sólido, como substratos de fijos de lo real, se presentan de manera completa, consumada; ante esta aparente plenitud de las cosas, la conciencia ingenua no puede menos que guardarle una fidelidad indiscutible y limitarse a reflejar las cosas, simplemente colocándose como molde y espejo, para llevar a cabo una aprehensión pasiva de los objetos que están ahí, ordenados, ya dados, prestos para ser tomados por la subjetividad cognoscente; este estado de cosas eterno es lo que en la terminología hegeliana se denominaría lo inmediato, o la inmediatez. In-mediato, esto es, no mediado, sin nada en medio o detrás de sí, sino valedero por sí mismo, auto-suficiente; esta situación de una inmediatez que se ignora como tal, y que se erige como eterna, puede registrarse bajo múltiples maneras en la realidad, lo mismo en la realidad socio-histórica que en algunas teorías del conocimiento de los objetos como el empirismo, el positivismo e incluso la filosofía trascendental, pero dónde más se registra esta tendencia a la inmediatez es en las formas perceptivas con que los seres humanos dotan de significado a su entorno más cercano, esto puede deberse a un hecho perfectamente comprensible aunque no del todo justificable, y es que la vida, para no adulterarse, tiende a asumir un orden, un flujo espontáneo en que cada parte está en su lugar, y todo transcurre con un ritmo misterioso que nada sabe de su origen, escudriñar ese orden sería como atentar contra el fluir natural de la vida, esta nada sabe de sí misma, es como un estar envuelto, inmerso, sumergido, y ante ello, cualesquier movimiento de intelección, implica un desdoblamiento respecto a este todo, una alienación, un extrañamiento de ese misterio en el que los seres humanos hacen su diaria comunión, baste pensar en ejemplos nunca advertidos suficientemente, en las formas subjetivas, humanas, de la conciencia que se aventura a desmontar los componentes de la vida, casi siempre, se presenta como la figura del sabio ermitaño, o del Fausto aislado en su propia delectación mental; es como si la vida sintiera miedo de ser desmontada, por ello se cierra en sí misma sintiéndose amenazada. Baste pensar en la expresión, entorno inmediato, un entorno que no conviene ser considerado como sometido a un dinamismo excesivo, sino que, para efectos de supervivencia, conviene considerarle en su inmediatez. Es aquí donde muchos hegelianos de izquierda, emplean la dialéctica como un instrumento filosófico de gran utilidad para dinamizar lo real, ya que cuando se considera a lo real como in-mediato, consumado y definitivo, se abre la puerta por la que se han de introducir dogmatismos de la más variada índole, se enraízan los prejuicios, los fundamentalismos y tantas actitudes que deterioran a la humanidad.

Conclusión

Para ir enarbolando una conclusión, se verá la crítica dialéctica hacia formas parciales y hasta dogmáticas de intelección de lo real. Dicha crítica tiene como blanco a la reflexión empírica y la reflexión trascendental, y su objetivo es contrastar a estas reflexiones con la reflexión especulativa, la cual sería la inclusión de ambas en una síntesis nueva capaz de pensar más allá de las limitaciones de estas reflexiones precedentes de la cuales es su conciliación y su superación.

El empirismo parte de la concepción de que existen impresiones sensibles externas al sujeto que conoce, estas constituyen el material que el sujeto habrá de aprehender, y el conocimiento será tanto más verdadero cuanto más sea fiel a esta base de impresiones sensibles. En el empirismo predomina la positividad del ser, se excluye la negatividad, excluye la metafísica y los principios universales, jamás llega a admitir la negación de lo que aparece ante el sujeto que percibe, reconoce únicamente la pura positividad del ser. El ser, el contenido, los fenómenos, se aceptan, esta postura, vista desde la reflexión especulativa, es parcial e incluso dogmática en la medida en que deja de pensar la génesis de los fenómenos para tomarlos como substratos fijos y bases neutrales de conocimiento, en esta postura, el sujeto ignora su propia posición dentro del proceso entero del conocimiento, se ignora como instancia que pone algo de sí en los fenómenos, y considera que los fenómenos han estado ahí desde siempre como inmediatos, considera que para conocer es suficiente con “coger el objeto y comportarse como pura aprehensión”, es decir, considera una separación entre el pensamiento y lo pensado, entre el sujeto y el objeto. La crítica dialéctica al empirismo consiste en forzarle a la reflexión “para –Hyppolite- inducirlo a reflexionarse y a descubrir que él se reflexionaba ya sin saberlo en su aprehensión de los objetos”; de esta manera, si el empirismo conoce con tamaña facilidad a los objetos, es porque el sujeto del empirismo ha colocado ya conceptualizaciones en lo observado, las cuales le dan un sostén fijo que hace que parezca tan fácil la aprehensión del objeto, sólo que el punto débil y fuerte a la vez, consiste en que el sujeto ignora su propia participación en la configuración de los fenómenos y cree aprehenderlos como lo real mismo, cuando en realidad sólo capta lo que ha colocado inconscientemente en sus objetos, cree ser un conocimiento sintético cuando es mera tautología y conocimiento de sí mismo; el empirismo es dogmático en la medida en que no está dispuesto a reconocer la provisionalidad, es decir, la negatividad de los fenómenos que conoce, es dogmático porque los considera como positividad pura, como inmediación, como porciones representativas del ser desnudo, por lo tanto, nunca estará dispuesto a someter a la empiria, a los sensibilia, a una negación que los haga transformarse sino que únicamente los celebrará como formas definitivas, eternas, del ser, por lo tanto es un dogmatismo.

La filosofía trascendental da un paso adelante del empirismo puro al reconocer el origen subjetivo de las impresiones sensibles; los fenómenos objetivos se encadenan por obra de una subjetividad, pero de una subjetividad trascendental. Esta filosofía se separa del empirismo en tanto que admite que en la configuración de la experiencia interviene el sujeto, es decir, admite que la cosa es configurada y no dada de antemano, en este caso los objetos de la experiencia ya no se presentan con ese sello de exterioridad ajena al sujeto, sino que son obra del mismo sujeto, quien las somete a las categorías del sujeto trascendental, así “lo inmediato determinable de la sensibilidad aparece determinado por los conceptos puros del entendimiento”, la reflexión trascendental llega hasta la fuente de la constitución del conocimiento. Ciertamente, esta filosofía da un paso adelante del empirismo, pero sigue siendo una reflexión exterior igual que el empirismo pero en menor grado, es exterior ya que divide el conocimiento en un lado sensible, exterior al sujeto, y otro lado inteligible, propio del sujeto, es una construcción subjetiva de la objetividad, pero no deja de ser exterior por el hecho de que renuncia al intento por conocer la cosa en sí misma, y deja el conocimiento como una cuestión a nivel de lo que se puede representar dentro de categorías a priori, tanto de la sensibilidad como del entendimiento, pero no se atreve a ir hasta el fondo último de las cosas, acaso por mesura, acaso por la prudencia de no ambicionar demasiado como las metafísicas del pasado que se separaban de lo real hacia trasmundos demasiado ajenos a lo humano. Es por esta razón que desde la filosofía especulativa se le puede acusar a la reflexión trascendental de cometer una reducción antropológica del conocimiento. El conocimiento especulativo emprende una búsqueda de las cosas en sí mismas, continúa la búsqueda ahí donde el trascendentalismo la abandona, pues su objetivo va más allá de lo meramente sensible y de lo meramente antropológico, va más allá de lo empírico y de lo trascendental, persigue lo absoluto, lo infinito, el misterio último, y confía en poder encontrarlo mediante el pensamiento, quiere superar la epistemología y hacer un ontología.

Para lograr su cometido, Hegel introduce en su filosofía nociones como el devenir, la mediación, la negación, lo absoluto. Una de las muchas peculiaridades de esta filosofía consiste en la forma de pensar la infinitud sin extraviarse en mundo inteligible o en una trascendencia demasiado idealista. Piensa la infinitud como ligada a lo finito, al mundo de todos los días, es una trascendencia que desciende del más allá hacia la inmanencia cotidiana, en todo caso, este más allá en realidad está en el mundo que se tiene enfrente, en esa rareza obstinada que exhiben las cosas y que nunca es plenamente descifrada, porque los objetos del mundo, más que estar terminados o conformados, son una tarea inacabable; este pensar especulativo es a la vez una inmanencia que no se encierra en el más acá sino que lo trasciende, pero regresa de nuevo a sí misma en un oscilar perpetuo. Nada ni nadie puede vindicar el carácter definitivo de cualquier porción de lo real, ya que lo real siempre apunta más allá de sí mismo, se niega, sale hacia otro para retornar a sí mismo hacia una inmediatez restaurada, es decir, lo real es a la vez base segura, fija e inmediata, así como también es un constante negarse a sí misma para dejarse insuflar por lo absoluto, por el infinito que en ella está presupuesto desde un principio, de igual manera, no se puede afirmar contundentemente que esta realidad tenga una explicación fuera de sí misma, en un misterio ultra terreno, la explicación reside en el concepto, en la palabra siempre capaz de re-significar el ser. La realidad es pues fluir incesante hacia lo que no es ella, hacia lo extraño, hacia lo otro, es alienación, pero también, en algunas épocas es reposo, mismidad, es un todo realizado y autárquico más no definitivo. La dialéctica ayuda a pensar los extremos complementarios sin tomar partido y sin diseccionar lo real en porciones autónomas, enseña que todo es un único y mismo movimiento de lo absoluto, es la razón iluminando el mundo, humanizándolo, compete a los hombres concretos, seguir esta huella de lo absoluto sin abominar de su mundo diario, estar a la vez en sus ocupaciones más próximas, sin abominar de un infinito que le otorga sentido hasta al más mínimo rasgo particular de su mundo, mismidad, otredad, finitud, infinitud, movimiento, reposo, en eso consiste lo real; el discurso dialéctico, lo verdadero en sí y para sí “es así el delirio báquico en el que no hay ningún miembro que no esté ebrio, y puesto que este delirio resuelve en el inmediatamente cada momento que tiende a separarse del todo, este delirio es también el reposo traslúcido y simple”.






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