Filosofía Práctica



La violencia estructural



Gerardo Valencia Guerrero

21 de febrero de 2019 | Descargar PDF | A+ | A-


Desde hace décadas, América latina ha estado sumergida en un complejo ambiente de violencia. En México, en los últimos doce años las acciones políticas se han enfrentado a la problemática de la violencia en su relación con la seguridad de la Nación Mexicana. La violencia la podemos observar como lo dice Johan Galtung (2011), desde una situación directa y también indirecta.

Ciertamente lo que vemos y analizamos es la violencia directa que tiene que ver concretamente con cada uno de los individuos que componen la sociedad, muy poco volteamos a vislumbrar la violencia indirecta que tiene su origen en el Estado y en las mismas relaciones sistemáticas de la sociedad.

El pisoteo de los derechos humanos, la falta de tener lo básico en la vida de los individuos, las injusticias que a diario viven miles de personas, manifiestan una situación que se le ha llamado violencia institucional o estructural. Seguimos viviendo como en el pasado, nos dominan las pasiones de los instintos más bajos que tenemos los humanos.

La violencia de los seres humanos, no está en sus genes, como muchos lo afirman, sino también en el ambiente que sostiene las relaciones de los humanos consigo mismo, con los demás y con la propia naturaleza. De lo que implica que es importante la educación y el factor formativo para la transformación de las conductas de los individuos y de la misma cultura que haga posible el cambio del ambiente social y estructural, así lo manifiesta Johan Galtung (2011) que la violencia implica tanto un cuerpo violento como una mente violenta.

La violencia no solo es una acción violenta hacia otro, sino es el mismo efecto de violentar de forma no directa. Hanna Arendt (2005) ya lo explicaba diciendo que la violencia estaba en el mismo ejercicio del poder y está enraizada en la misma formación de nuestra sociedad occidental. Sin embargo, la violencia es un fenómeno que siempre nos preocupará y, más, cuando pone en peligro la propia supervivencia de los seres humanos y del mismo planeta tierra.

El riesgo de la violencia en nuestros tiempos, es que ha permeado tanto las instituciones de nuestra incipiente democracia, que es a través de las misma organización democrática desde donde se genera la violencia, así como en los mismos seres humanos que componen la sociedad. No se ha cuidado lo suficiente para que esos gobernantes ineptos no se aprovechen de las instituciones para servirse de los recursos de la misma sociedad, provocando un gran desorden social. Ya Platón lo decía: “El precio de desentenderse de la política es el ser gobernados por los peores hombres”.

Muchos filósofos, antropólogos, sociólogos han investigado el fenómeno de la violencia: uno de ello es Johan Gultung. Él dice que la violencia tiene dos vertientes:

1.- Violencia directa o visible, donde el agresor y la víctima son identificados claramente. El agresor ofende a la víctima de forma tangible o se sabe con certeza quién es el que lastima u ofende.

2.- Violencia invisible, estructural o institucional; en este tipo de violencia es más complicado determinar quién es el agresor o saber quién es la víctima de forma clara y precisa. La causa de esta violencia invisible tiene que ver con las situaciones sociales donde las instituciones o el sistema de estado, producen daños a sociedad en su estructura. (Galtung, 2011).

Esta violencia estructural va directamente a la privación de las necesidades básicas de las personas en una sociedad, pisotea los derechos humanos, crea desigualdad, injusticias, pobreza, etc. Esta violencia se presenta de forma institucional y lo complejo del asunto es que nadie es responsable de las situaciones de injusticias que se generan en la sociedad. Es más, se puede contemplar que el fenómeno de la delincuencia es un efecto de la violencia estructural. El hecho de que un gobierno no tenga la visión de atender al incremento del desempleo, la desesperación de las personas por no tener la economía suficiente para satisfacer sus necesidades, las incita a buscar solucionar el problema a través de la delincuencia.

Una de las tareas principales de toda institución democrática es estar pendiente que no lleguen gobernantes que propicien la corrupción y provoquen más violencia entre la ciudadanía. Sin embargo, eso es lo que nos ha pasado como pueblo mexicano-sinaloense. No hemos cuidado lo suficiente para que no nos gobiernen los que no saben para que están allí, y las consecuencias son las situaciones históricas adversas que se han construido a través del tiempo y nunca se han resuelto. Al contrario en la ciudadanía se ha alimentado una violencia tal, que ya no creen que se puede generar un proceso de cambio para que su entorno se transforme.

Esta violencia ha penetrado tanto en la vida personal y colectiva de la ciudadanía que hay una enajenación violenta que no permite comprenderla en sus diferentes dimensiones. La violencia estructural se ha hecho parte de lo cotidiano, tanto así, que aquí en Sinaloa hubo un gobernador que dijo que la violencia era “natural”.

La ciudadanía responde a la violencia estructural.

Ante tal enajenación que produce la violencia estructural, uno se pregunta: ¿Cómo irla sofocando? ¿Qué instrumentos utilizar para irla menguando? ¿Dónde está el punto de partida para comprenderla y empezar un proceso de erradicación? ¿Bastará la creación de leyes? ¿Es suficiente penalizarla?

La ciudadanía tiene claro que los que gobiernan no hacen nada, es más, el presidente Calderón y Peña Nieto, pensaron que iban a vencer la violencia con violencia y allí están los resultados en relación a los muertos, en dos sexenios: 250,000 mil muertos y miles de desapariciones forzadas.

En Sinaloa el problema de la desaparición forzada es muy grave. El Estado es omiso a investigar y prefiere el olvido a hacer algo en favor de las víctimas. La muestra de está apatía gubernamental es el signo claro de la violencia estructural. El no atender la necesidad de las víctimas provoca una reacción de los familiares ante tal situación. Y no se puede ocultar que los que más sufren este problema de violencia estructural, son los grupos que históricamente han sido marginados de una mejor economía y satisfacción de sus necesidades básicas.

Para Leonardo Boff (2002), cuando los estados no responden al desarrollo de la ciudadanía en el cuidado de los derechos humanos y seguridad, la misma ciudadanía se organiza y crea su propia institucionalidad para resolver lo que violentamente le quitaron. La misma violencia estructural da pie para que la ciudadanía encuentre los medios que necesita para descubrir una respuesta a su problema no resuelto y que se siente violentado.

En este sentido, aquí en Sinaloa surgen las rastreadoras que quieren encontrar a sus hijos que se los llevaron a la fuerza. Se organizan desde 2014, en El Fuerte, Sinaloa. Hasta el momento hay 7 grupos. ¿Qué es lo común de ellas? El Estado no les dio respuesta a su problemática: no investiga ni busca. Aquí en Sinaloa es muy fácil descartar la investigación de los desaparecidos. Se piensan que andaban mal y por eso les pasó lo que les pasó. Paradójicamente y lo que confirma la violencia institucional es que en la mayoría de los casos quienes llevaban a cabo la desaparición son policías.

Lo complejo de la violencia estructural.

Es posible entender que la violencia estructural es en la que menos ponemos atención y la que más daño hace a la sociedad porque está incrustada en la vida misma del sistema organizativo del Estado. Como no hay un autor específico a quien señalar no hay para que investigar. El daño se hace directamente a las personas que forman parte de la sociedad y que sufren de la satisfacción de las necesidades humanas básicas. La desaparición forzada es la manifestación directa de la violencia estructural, sin embargo, es complicado comprenderla directamente, se necesita de analizar y explicar está complejidad de las estructuras sociales para poder ser observadas. Imagínense denunciar que quien provoca estás desapariciones forzadas son las misma instituciones de seguridad, pues nadie te cree y hasta sufres de amenazas. Muchas de las rastreadores no quieren saber quién lo hizo; lo que quieren es encontrar el cuerpo de sus “tesoros” para vivir en paz.

Lo complejo del fenómeno de la violencia estructural, no es la investigación sobre los problemas sociales para interpretarla, sino que a la vez que se manifiesta directamente en las personas, se convierte en una estrategia de sobrevivencia. Y es aquí donde se confunden las situaciones de la justicia social, porque mientras desde las instituciones se genera la violencia, la ciudadanía lastimada y organizada, muchas veces responde con violencia y el mecanismo para desintegrar la violencia como respuesta es la represión institucional.

Esta complejidad hace más difícil solucionar el problema de las desapariciones forzadas que se dan en nuestra entidad sinaloense. Lo complicado del fenómeno tiene que ver con una cuestión antropocéntrica. El ser humano, desde su profundidad, está lastimado. Johan Gultung (2011) lo explica claramente que la violencia estructural deja marcas imborrables en todo lo que es el ser humano: mente, cuerpo y espíritu.

Breve conclusión.

Erradicar la violencia estructural no es de la noche a la mañana. Es necesario entrar en un proceso de buscar limitarla, porque la tentación es sólo querer dar un cerrojo a la violencia directa con leyes y programas sociales que no dan solución a la violencia estructural como causa de la violencia directa.

En este sentido es importante hacer conciencia de responsabilidad social como virtud humana en la convivencia democrática. Por eso el proceso debe de pensarse a largo plazo teniendo en cuenta varias vertientes:

1.- Depuración en las instituciones del Estado que han estado involucradas en la generación de la violencia estructural.

2.- Educación formal e informal para dar sentido al proceso de erradicación del pisoteo de los derechos humanos y la justicia social. Educar para ser agentes de cambio.

3.- Construcción de un proceso en conjunto desde la ciudadanía para ir formando conciencia en favor de propiciar el diálogo como factor preponderante en la vida personal y colectiva. Pensando a largo plazo. No de un día para otro.



Referencias Bibliográficas.

1.- BOFF, Leonardo. El Cuidado Esencial. Ética de lo humano, compasión por la tierra. Traducción de Juan Velarde. Editorial Trotta. Madrid

2.- GALTUNG, Johan: Human rights in another key. Cambridge: Polity press, 2011.

— Peace by peaceful means. Peace and conflict, development and civilization. London: Sage, 1996.






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